Gianfranco Capomagi: “El lugar donde uno ha nacido no se olvida más”

Por Daniel Flores Flores

El 4 de junio de 1939, en Ancona, al centro-norte de Italia, nació Gianfranco Capomagi. Allí vivió hasta los 9 años, donde cursó parte de sus estudios primarios hasta 3er grado.  En diciembre de1948 junto a sus padres Aquilino Capomagi y Silvia Paoloni, y sus hermanos, Enrico (15) y Enzo (11), emprendieron su viaje en barco a la Argentina como inmigrantes. El 1° de enero de 1949 desembarcaron en Buenos Aires.

En Italia su padre trabajaba como mediero en una finca de 16 hectáreas. Todo anduvo bien hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial en 1939. Tuvo un tío que pertenecía a la división paracaidista “Folgore”. Ese tío fue mutilado, perdió un brazo y por consiguiente nunca más pudo trabajar la tierra.

Su padre era sólo con los niños chicos para trabajar 16 hectáreas, no se podía. Su abuelo ya tenía más de 72 años. Entonces como tenían parientes aquí en Argentina, la familia optó por emigrar a este país.

El viaje lo realizaron en barco, como se hacían en aquella época, tardaron 21 días. “Fue un lindo viaje, todavía me lo recuerdo a pesar de mi corta edad que tocaron varias ciudades”, rememora.

Conversar con Gianfranco a sus 80 años, es hablar con el agricultor que desde niño realizó labores en el agro, el docente, el albañil, el técnico en electrónica, el enciclopedista, el dirigente vecinal.

-Su padre, ¿estuvo en el frente de batalla?

-Mi padre hizo el servicio militar por los años 28/30 porque en ese entonces eran tres años. Y diez después en la guerra fue reincorporado, pero no en el frente, sino en un comando radial hasta que lo dieron de baja y volvió. Y de ahí ya decidimos que no se podía seguir con la tierra, decidimos venir a la argentina.

 

-¿Acá ya tenían un lugar donde llegar?

-Sí, había un pariente que nos había llamado y nos vinimos a la casa de él. Ese pariente era Guillermo Tittarelli.

 

-¿Directamente a Rivadavia vinieron?

-Directamente a Rivadavia. Las hemos pasado “negra” los primeros años bastante mal, pero, poco a poco nos fuimos estabilizando.

 

-¿Su papá acá fue agricultor?

-Mi papá fue agricultor siempre, con lo poco que siempre ha ganado nos hizo estudiar a los cuatro, porque aquí en Argentina nació Ana, nuestra única hermana.

 

-Decía recién que la ha pasado negra, ¿a qué refiere?

-Y nos ha tocado vivir en carpa, en galpones. Todos amontonados en pieza porque se iba a donde estaba el trabajo, en la época de cosecha nos íbamos a una parte, en otra época nos íbamos a otro lado. Hasta que tuvimos nuestra propia casa y ahí ya hincamos y ya cambio todo el panorama.

 

-Sus padres, ¿en cuántos años de trabajo pudieron adquirir la casa propia aquí en la Argentina?

-Nosotros también le ayudábamos en el trabajo, pero el que trabajaba permanente era mi padre. Y nosotros a los cuatro años más o menos teníamos casa propia.

 

-Usted conoce bien el trabajo de agricultor, porque ayudaba a su papá

-Yo he trabajado prácticamente desde que vine acá que tenía 9 años, he trabajado permanente. Después estudiamos, nos recibimos, pero después de recibido trabajamos en la construcción y otra cosa, todo para aumentar un poco los ingresos porque eran super magro.

 

-Muchos que lo conocemos, ¿no sabíamos que había realizado trabajos en la agricultura?

-Hicimos de todo. Todo tipo de trabajo rural. Tal es así que como los conocía bien me compré una finquita. Es para mantenerme activo, porque nunca tuve la idea de jubilarme y quedarme quieto. Inclusive, no podía tampoco porque con la jubilación no se puede ir lejos, pero siempre me he mantenido activo. Tengo casi 81 años y sigo activo en el día de la fecha.

 

-Luego que se recibió de docente, ¿ha trabajado en muchos departamentos?

-Una vez que me recibí de docente comencé mis actividades en San Rafael en el distrito de Jaime Prats. Allí estuve cuatro años. A fines del año 1960 volví como titular de la escuela 292 (hoy Santa Rosa de Lima), era en aquel entonces en la zona del paradero en Santa Rosa en la intersección de la Ruta 7 con el carril Mirador. Ahí tenía mi escuelita, que cuando empezamos no tenía banco, no tenía absolutamente nada. Había que llevar la ejercitación hecha de la casa. Los niños se sentaban en bloques de hormigón. Se nos han metido serpientes, arañas, de todo dentro de la escuela. Hemos matado víboras, yo recuerdo una vez una yarará que estaba lista para saltar en el fondo del aula cuando la vimos. Nos ha pasado de todo un poco (risas). Y después se hizo la escuela nueva y cambió el panorama. Aunque en la escuela nueva la primera tarea que había todas las mañanas cuando llegábamos, con una escoba en un palo largo teníamos que bajar las arañas y los murciélagos que había en el techo.

 

-¿Y trabajó en otras escuelas?

-Después de la escuela Santa Rosa de Lima estuve cuatro años de director en la escuela de Andrade, un año de vice en la escuela Formosa, y cuatro o cinco años en la escuela Eusebio Blanco (La Central) donde me jubilé en diciembre de 1985.

 

-Esto de la educación primaria, ¿le ha dado muchas satisfacciones?

-La escuela da muchas satisfacciones. Pero no pasa de las satisfacciones, las carencias son múltiples. Las escuelas no son equipadas debidamente, tienen que trabajar mucho las cooperadoras, los clubes de madres y cuando todo eso no alcanza, el bolsillo del maestro.

 

-Y sobre todo en zona rural

-Y sobre todo en zona rural donde las carencias son múltiples.

 

-¿Y se ha encontrado con ex alumnos que ahora son profesionales?

-Me he encontrado con muchos ex alumnos profesionales tanto de San Rafael como de acá de esta zona. Tengo alumnos que son abogados, ingenieros, contadores público, profesores. De todas las ramas algún profesional ha salido, esas son las satisfacciones de la escuela.

 

-Pero usted no se quedó solamente con la docencia, ¿también se dedicó a la electrónica?

-Cuando llegué a los 26 años y no tenía donde caer muerto. En ese entonces dije: ‘bueno, acá hay que buscarle una salida’. Y me fui a estudiar tres años electrónica a la Ciudad de Mendoza con un profesor universitario alemán con el cual nos entendíamos muy bien y solucionábamos todo tipo de dudas. Una vez recibido -estudiaba paralelamente técnico de televisión por correspondencia- inicie el taller arreglando unas pocas radios, pero prácticamente con televisores. Pero cuando inicie el taller, al año mi situación había cambiado el noventa por ciento. Ya se me aclaró todo el panorama económico y en todos los sentidos, pero, con una actividad extra a la docencia.

 

-Se lo conoce también como enciclopedista

-Bueno soy enciclopedista, pero una de las grandes cosas que siempre he atesorado mucho son libros y tengo una hermosa biblioteca. Me gusta leer, en caso de electrónica por la profesión y me gusta leer para cultura general. Así que tengo mucha literatura de Diario Los Andes, colecciones de diferente tipo, y a su vez tengo muchas cosas de Europa, ciudades, universidades, de todo un poco que es un verdadero orgullo. He leído todo y cada tanto lo vuelvo a leer.

 

-Después que se vino de Italia en el año 48, ¿cuándo volvió?

-Después que me jubilé viajé en 1986 con mis padres. Estuve dos meses y medio. Allí nos rencontramos con todos los parientes, tengo anécdotas extraordinarias, ha sido una satisfacción enorme. Y luego volví a ir en el 2015, ahí estuve dos meses. Italia tengo la suerte de haberla recorrido de punta a punta. Pero además conozco España, Suiza, parte de Francia, he andado por Grecia, Turquía, o sea que he hecho unos buenos recorridos por Europa.

 

-Cuando volvió en 1986, ¿cómo encontró el lugar donde vivió parte su infancia?

– Un progreso extraordinario. Nos llevan mínimo 30 o 50 años en todos los aspectos de la vida. Europa tiene algo que es señero en el mundo, que toda la gente es de clase media baja, clase media o clase media alta, pero no hay villa miseria, no hay absolutamente nada en el país que uno visite como ocurre aquí en toda Latinoamérica.

 

-¿Se emocionó cuando llegó al lugar donde nació después de tantos años?

-El lugar donde uno ha nacido no se olvida más. Y sobre todo donde uno ha pasado la infancia. Claro, ha sido una emoción enorme. Me acuerdo que mi padre trabajaba toda la semana y los fines de semana tenían unos juegos típicos de aquel entonces, bochas, una rueda que jugaban siempre. Y, después jugaban por un desayuno o por una meriende. Y se iban siempre a un mismo lugar, que era una cantina de campaña donde servían comidas. Entonces el era habitúe todos los domingos porque siempre se iba a entretener allá. Cuando volvimos, nos fuimos caminando y nos fuimos al mismo lugar. Cuando llegamos al lugar, el señor que atendía el negocio seguía estando al frente, y lo vio mi papá, y él lo vio a mi papá, y se dieron un abrazo y se pusieron a llorar los dos viejos. El recuerdo es muy grande siempre (se emociona hasta las lágrimas al recordar esa postal).

 

-Usted realizó otro viaje en el 2015, ¿encontró una ciudad más cambiada?

-Allá el cambio es sumamente acelerado. Son países que tienen toda la revuelta política que hay en todo el mundo, pero a pesar de ello tienen emprendedores muy capaces, tienen gente que trabaja, y el país siempre va adelante a pesar del mal ejemplo de los políticos.

 

-Para usted que colecciona libros, enciclopedias, ¿qué significa internet?

-Internet es un gran avance mundial. Es poner al alcance de todos conocimientos como nunca lograríamos obtener. Por ejemplo en internet se miran documentales a los cuales uno de otra forma no se tendría acceso. Internet permite viajar, algo que uno en la vida podría recorrer por razones económicas por una serie de cosas. Bueno, en internet ve todo. Yo me he visto medio mundo ya. Y todos los días miro internet y miro algo que me llama la atención, tengo 500 títulos para ver, que se presentan y voy eligiendo el que me gusta. O sea que para mí, internet es extraordinario.

 

-Lo que no conoce personalmente, ¿lo está conociendo por internet?

-Lo estoy conociendo por internet. Y tenemos la suerte que tenemos un servicio muy bueno y alcance de la mayoría que nos ofrecen en conjunto el municipio y la Cooperativa Popular.

 

-A parte de ser docente, técnico en electrónica, agricultor, ¿también ha tenido una activa participación vecinal?

-Siempre donde he estado he sido un vecino más. Y en lo que he podido colaborar siempre lo he hecho.

 

-¿Integró alguna unión vecinal?

-Hemos integrado uniones vecinales, hemos participado en clubes, hemos participado en comisiones municipales. En fin, la acción social siempre es fundamental.

 

-Usted que ha visto como ha crecido el departamento de Rivadavia, una vez me habló todo lo que hizo el intendente Cayetano Sanmartino

-Sanmartino se puede resumir de la siguiente manera, porque yo he vivido casi toda la época que estuvo Sanmartino, excepto los primeros dos o tres años, además ha sido mi profesor. Sanmartino recibió una aldea, eran todas huellas con una casita en una esquina, con otra casita, un almacén en otra, no era nada. Sanmartino delineó la ciudad, comenzó a hormigonar las calles, instaló la luz eléctrica, el servicio de cloacas, el agua corriente, urbanizó la ciudad. Sanmartino recibió una aldea y entregó una ciudad. Su obra fue extraordinaria, cada elección que había se lo daba a entender la población, lo votaba el 80, 90 % votaban a Sanmartino.

 

-¿Y cómo ve a Rivadavia actualmente?

-En este momento me gusta como está andando Rivadavia, porque a donde se va, a los distritos, en la ciudad, veo obras, veo movimiento, veo que se invierte bien y fundamentalmente que el municipio no se endeuda, está trabajando todo sobre base firme. Porque acá no se le debería permitir a nadie endeudarse porque cada vez que un gobierno municipal, provincial o nacional contrae deuda, disminuye la calidad de vida de toda la población y, afortunadamente eso va a venir solo, porque ya estamos tan mal considerado mundialmente que no nos van a dar un peso nadie.

 

-¿Cómo se lleva con el intendente Miguel Ronco?

-Bien, muy bien. Nos conocemos poco, pero hay una buena sintonía porque creo que está haciendo una muy buena obra y eso me gusta mucho.

 

-Usted me dijo una vez que después de Sanmartino, Ronco es el que más obras ha ejecutado

-Yo pienso que sí. Porque hemos visto intendentes de todos los colores, y hemos visto buenos, regulares y malos también. Yo a Sanmartino lo considero excelente, y a Ronco muy bueno, un buen intendente.

 

-¿Qué mensaje le deja para los jóvenes usted que ha trabajado mucho para educarse?

-Que siempre hay que esforzarse, hay que aspirar a más siempre. Nunca quedarse. Nunca aceptar una situación como está, siempre hay que luchar para mejorarla en cualquier rubro y en cualquier aspecto.

 

-Cuando llegó a la Argentina, ¿sintió el desarraigo?

-Y todo lo sentimos, porque la Patria tira a todo el mundo. Pero yo acá en la Argentina me he sentido un argentino más, nunca me he sentido discriminado en ningún sentido. He sido uno más dentro todos los que he conocido y me he sentido sumamente cómodo siempre. Ahora, el camino se lo tiene que buscar uno solo, no hay que esperar que se lo den.

 

Foto de portada: Gianfranco Capomagi, último discurso como docente activo en el mes de diciembre 1985 en la escuela Eusebio Blanco.

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