Marmolería Amores, más de 70 años de trayectoria

Por Daniel Flores Flores

Sebastián Amores vino de España a la Argentina a la edad de 6 años junto a sus cuatro hermanos. Aquí creció y se casó con Irene López, los padres de ella cruzaron la frontera de Chile a la Argentina a lomo de burro. Tuvieron dos hijos, Domingo Sebastián Amores (72) y Juan Amores (67). 

Sebastián después de cumplir 20 años de edad comenzó con los trabajos en marmolería en la casa de sus padres en calle Arenales en la ciudad de Rivadavia, pero antes, realizó otras actividades como trabajar en la viña y no dudó en realizar cualquier otro trabajo que le ofrecían.

Pasaron algunos años y con los ahorros compró un lote en calle Alem al N° 758 hasta donde trasladó  la fábrica. Aquí en la actualidad realizan trabajos en piedra desde mesadas de cocina, vanitorys hasta trabajos en cementerios. Allí también, sobre calle Alem, abrió un almacén con venta de carnes y artículos comestibles que era atendido por Irene, él colaboraba en la atención al público cuando no trabajaba en la fábrica.

Su hijo mayor fue el único que curso estudios secundarios y se recibió de perito mercantil y después se dedicó a trabajar en la marmolería. “Antes había que pulir a mano, los dedos quedaban en carne viva. No había comodidades. Esto lo empezamos en la casa de mi abuela en calle Arenales”, recuerda Domingo.

Relata que su papá “estuvo buscando buscando hasta que le encontró la beta, no siempre fue fácil”. Destaca que la primera máquina “la inventó y fabricó mi padre, una para cortar y otra para pulir, porque no había fabricas en esos años que fabricaran la maquinaría para este trabajo. Y para comprar el motor pidió un préstamo al Banco”.

Rememora que empezó con “las lápidas para el cementerio y luego empezó a venir la gente por mesadas. La primera mesada que hizo mi papá fue la del Polenta, y después la gente le preguntaba y él le decía quien las hacía. Después se anotó en la municipalidad como hay que hacer y empezó a trabajar”.

Por su parte su hermano Juan, a los 11 años empezó a trabajar en la marmolería cuando finalizó sus estudios primarios, ya que no cursó estudios secundarios porque se dedicó a trabajar nada más. Él  pone especial énfasis que toda la vida han trabajado, inclusive por ahí hasta sábados y domingos. “Y ahora seguimos igual, si hay que trabajar sábado y domingo lo hacemos, no le mezquinamos a nada”, afirma.

A los hermanos Amores siempre se los ve juntos. Juan dice que “nunca se pelean” y su hermano Domingo agrega que “en un principio la pobreza nos tuvo que unir” y las mujeres “no se meten para nada”, añade Juan.

Ellos han estado unidos toda la vida, como reza en uno de sus pasajes la obra literaria argentina por excelencia, el Gaucho Martín Fierro, de José Hernández: «Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera».

Domingo sostiene que “cuesta llevarse menos bien que llevarse mal” y afirma que “siempre hemos luchado juntos los cuatro, mi papá, mi mamá, mi hermano y yo, entonces nos hemos ayudado siempre”.

Marmolería Amores tiene una trayectoria de más de 70 en el departamento de Rivadavia, han sobreviviendo a las diversas crisis económicas que ha atravesado el país. Son tres generaciones que sostienen el emprendimiento familiar que inició Sebastián Amores y hoy siguen al frente sus dos hijos, Domingo “Nene” y Juan “El Chiquito”, y desde hace más de siete años que se ha incorporado Juan Pablo Amores “El Colo o Tuco” siguiendo la trayectoria de su abuelo, tío y su papá Juan.

La cartera de clientes no es solo del departamento de Rivadavia, sino que se han proyectado con sus trabajos a otros departamentos de Mendoza y la provincia de San Luis.

Los potenciales clientes tienen una amplia variedad de material nacional y también importado para elegir procedentes desde Sudáfrica, Italia, China, Brasil, Guatemala, entre otros países.

Tras los pasos del abuelo, el tío y su papá

Juan Pablo Amores, apodado como “Colo o Tuco”, es arquitecto, tiene 32 años. Hace más de siete años que se incorporó al proyecto familiar como la tercera generación, pero desde pequeño ha estado en la fábrica jugando con las piedras. “Siempre acompañándolo al viejo (Juan), haciendo trabajos en el cementerio, escaleras”, declaró.

Pero antes de recibirse de arquitecto trabajó de mozo, diarero, en un taller metalúrgico, y luego ejerció su profesión como arquitecto un tiempo y después se unió a la marmolería. “Me gusta y creo que me sale bien, y la gente queda conforme”, subrayó.

Para él, seguir en esta línea de trabajo en la empresa familiar con tanto prestigio “es un orgullo, tratar de mantener esto, el desafío de quedar bien con la gente de no fallarle a la gente que es de la que dependemos nosotros y siempre con la confianza plena en Dios”, afirmó.

Como arquitecto estuvo un tiempo haciendo las dos cosas, ejerciendo la arquitectura y la marmolería. Comenta que “como no tenía tanto trabajo con lo otro (arquitectura) y esto me gustaba como me salía, me gustó esto. Me voy a especializar en algo, que no solo sería un oficio, le vamos a dar un valor agregado con lo que estudié. Tengo el estudio, pero los que tienen la práctica son los muchachos (su papá Juan y su tío Domingo)”.

Trabajar con el papá y el tío lo define como “una lucha para bien” y agrega que “hay que llevarse bien porque por ahí yo tengo unas ideas que funcionan y otras que no tanto. A un acuerdo siempre llegamos”, aseguró optimista.

El Nene, el Chiquito y el Colo o Tucu, se esmeran día a día para mantener un ambiente de trabajo cordial en la fábrica. Ellos son felices con lo que hacen, y aún más felices cumpliendo con la gente que confía constantemente en Marmolería Amores y manteniendo así los cimientos sólidos de su fundador: Don Sebastián Amores. 

Foto de portada: Los Amores. Juan Pablo “Colo o Tucu”, Juan “El Chiquito” y Domingo “Nene”.

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