San Martín: hacer lo que hay que hacer

provincial.

Tampoco nadie podrá ignorar que trasformó la matriz cultural y productiva de Mendoza para siempre. Y que políticamente fue el gran líder que ninguna otra provincia tuvo a lo largo de su historia. Nadie de todos los reconocidos caudillos federales o unitarios, tuvieron la ascendencia pública y política de San Martín. A la altura de él, nadie. Indiscutido. Y ese reflejo marcó a fuego la cultura política de Mendoza. Sus años como Gobernador Intendente siguen siendo un faro que iluminó el devenir de la futura vida provincial. Un espejo del cual la sociedad y la dirigencia nunca podrán dejar de reflejarse.

Un plan de desarrollo estratégico y ordenamiento territorial es un concepto actual, necesario y aplicable a cualquier gestión gubernamental de la coyuntura vigente. En nuestros días ocupan un lugar privilegiado en los discursos de nuestra dirigencia o en la acción de los programas de nuestros gobiernos. Sin embargo, el General San Martín, en otra prueba más de su anticipación a los tiempos, dispuso un plan de desarrollo y ordenamiento territorial en perfecta consonancia con los objetivos del plan continental libertador. Podríamos decir con el fin de hacer comparativo y contemporáneo el análisis, que fue el hacedor del primer «Plan de Desarrollo Estratégico Municipal» y autor del primer proyecto de ordenamiento territorial de Cuyo.

Hacer gestión

El riesgo por aquellos tiempos de guerra emancipadora fue que Mendoza cayera, y fuera sometida tras una posible invasión, bajo la tutela del poder «realista». Ante posible conjetura, San Martín ideó un plan defensivo y ofensivo que abarcó toda la región cuyana (con eje en su capital: Mendoza) distribuyendo tareas y espacios de trabajos, con el fin de que no todo el plan de operaciones estuviera concentrado excluyentemente en una zona. La sectorización de las acciones, a lo largo y ancho de todo Cuyo, aprovechando las características particulares y virtudes geográficas de la región, estableció distintas sedes de trabajo que actuaron coordinada y paralelamente en pos del objetivo sustancial. Así fue que a partir de la concentración en El Plumerillo (Las Heras), sede de los regimientos que conformarían el Ejército de los Andes, podemos citar algunos hitos de la zonificación planeada.

A partir de la concreción durante la gestión de San Martín de la anhelada separación de Córdoba, confeccionó el primer plano catastral de la Ciudad de Mendoza después de haber realizado un registro de propiedades inmuebles regadas por las «cunetas» de la ciudad.

En el Este mendocino la mano sanmartiniana se reflejó con la realización de obras de irrigación que favorecieron la incorporación al sector productivo de extensas regiones vírgenes (plantaciones de maíz, cebolla, ajo y cebada), más la construcción de un molino harinero que facilitó el abastecimiento de alimentos para los soldados del ejército y vecinos del lugar. Cuando San Martín se hizo cargo del gobierno de Cuyo existían en la provincia algunas obras de irrigación limitadas al aprovechamiento del río Mendoza por medio de los canales Zanjón, Tajamar y de la acequia Tabalqué. Para dar solución a este problema dispuso que se realizaran distintas obras que ampliaron la superficie de tierra cultivable.

Surgió entonces la figura de José Herrera, popularmente conocido como «el chileno», quien prestó trascendentes servicios, y por encargo de San Martín, dirigió la construcción de «las acequias de la patria», que distribuyeron las aguas del río Tunuyán. Durante el proceso de la guerra, el «chileno» Herrera fue encomendado para levantar mensuras y canales en la zona Este, tarea a cargo de los prisioneros de la Batalla de Chacabuco. Un gran número de prisioneros (españoles y partidarios «realistas» chilenos) en vez de ser fusilados como la «tradición» de guerra lo determinaba, fueron persuadidos a cambio de sus vidas y libertad, para cumplir trabajos comunitarios concernientes en tareas agrícolas, obras viales y canales de regadío. El Este mendocino fue la zona más beneficiada por la llegada de prisioneros dispuestos para el trabajo rural entrono a la posta «El Retamo» (actual Junín) abarcando gran parte de «Los Barriales». Nacerán así, la ampliación del canal matriz Independencia (data de 1806) y la construcción de nuevos canales: Cobos, Río Bamba, San Martín, Constitución, y puntualmente en Rivadavia, los históricos canales San Isidro y Reducción.

El Valle de Uco fue la usina proveedora de carne vacuna y caprina, sustentada históricamente en la rica producción de alfalfa que se generaba a la vera del Río Tunuyán. Del faenamiento de dichos animales se obtuvieron los cueros para realizar botas, camperas y monturas.

Al escasear la pólvora y las municiones en Cuyo (las únicas fábricas existentes estaban en Córdoba y La Rioja, pero además no alcanzaban para satisfacer la demanda del Ejército), estimuló la explotación de las minas de Huayaguaz y Pismanta (San Juan) que terminaron proveyendo 27 quintales de plomo y gran cantidad de azufre. También de las minas de Uspallata (Las Heras) extrajeron plomo y plata, lugar donde se asentó buena parte del parque de artillería. De este modo se lograron extraer los elementos para la fabricación de pólvora y los metales para alimentar las fraguas del Fray Luis Beltrán, erudito en química, física, metalúrgica y matemáticas. Paralelamente el ingeniero José Antonio Álvarez de Condarco, aprovechó la abundancia de salitre de los desiertos mendocinos, generando un laboratorio que permitió obtener una calidad de pólvora superior a la habitual.

De San Luis se trajo el azogue (mercurio), imprescindible en la purificación de los metales.

Las postas entre Mendoza y San Juan fueron otra medida sustancial en el proceso organizacional. San Martín decidió crear una serie de posta de correo entre Mendoza y San Juan, entre ellas: «Jocolí», en el actual Lavalle (lugar donde se extraía el carbón para la maestranza), «Árbol Solo», «Guanacache» y «Pocito». La medida tenía múltiples finalidades, ya que no solo funcionaron como espacio de descanso y recambio de caballos y bueyes, sino que además tuvieron la tarea de establecer una nueva base urbana, y a su vez la misión de generar recursos cobrando peaje a los fletes y estableciendo un pionero sistema de barreras sanitarias. Por ejemplo: Jocolí, que aún perdura.

Creó hospitales militares de campaña y juntas sanitarias en Mendoza, San Juan y San Luis. Nosocomios para controlar las enfermedades venéreas (muy frecuentes en dicho tiempo) de los soldados, aislándolos en pabellones particulares para evitar el contagio. Las Juntas Hospitalarias ejercían función de Dirección Sanitaria. Pero a su vez tenían bajo su tutela las pioneras barreras sanitarias sobre el Rio Desaguadero (límite entre San Luis y Mendoza) y sobre el Rio Conlara (límite entre San Luis y Córdoba), lugares donde también funcionaban las aduanas interiores.

En el Desaguadero y San Carlos estableció postas sanitarias, paralelo al rol estratégico militar, imponiendo la preventiva obligatoriedad de la vacunación contra la viruela para quienes llegaran a enrolarse al ejército libertador.

Además de fomentar en la provincia la limpieza y aseo como valores preventivos insoslayables, inició empíricamente una fuerte cruzada contra el mal de Chagas, aconsejando el blanqueó de los frentes y paredes de las casas y bodegones para distinguir el color negruzco de la vinchuca y así generar un contraste con el blanco pintado en la pared. Como también elaboró una cartilla donde «aconsejaba» dormir en las noches con una vela prendida, pues la luz alejaba a las vinchucas, como prevención ante la posible picadura de las «chinches negras».

Creó comisiones vecinales para extraer de los estanques cercanos a los ríos y lagunas provinciales, la mayor cantidad de piedra pómez para la limpieza y pulido de metales y el aseo personal. La mayor cantidad de estos productos se extrajo del río Mendoza. La comisión tenía a su vez la tarea de recolectar derivados de productos de las aves del lugar con asiento en torno a los ríos, por ejemplo: huevos para la alimentación y plumas para los abrigos.

El Fuerte de San Carlos donde se reunió con los caciques del sur, la Fortaleza de La Paz, el Puente de Picheuta en cuyo entorno se libró el primer combate de la gesta, el tambo incaico (Las Heras), las aguas termales de Cacheuta fueron estratégicos en el marco de la logística establecida y actualmente tienen un enorme valor patrimonial y turístico. Pero también Canota, el puente Polvaredas, Potrerillos, la zona del Arroyo Santa María, Paramillo de Las Cuevas o el Cristo Redentor, son lugares con enorme importancia histórica, imposibles de obviar.

Mendoza: fiel y corajuda

Ya lo expresamos. Soñó vivir y morir en Mendoza. «La que sigue siendo fiel y corajuda. La inmortal Mendoza, donde todo se hace»; escribió admirado por el compromiso de sus mujeres y sus hombres. Expresión que sigue latente en la concepción de los mendocinos de bien.

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