TIEMPOS DE CONSTRUCCIÓN… EXPERIENCIA EN PRIMERA PERSONA

Por Lic. Emiliano Cónsoli

Estuvimos con Daiana Novello, joven rivadaviense, egresada de la Carrera de Licenciatura en Trabajo Social y actualmente Residente de Tercer año de Trabajo Social en Salud Pública en el Hospital Lagomaggiore, quien nos explica y deja un trabajo interesante sobre sus vivencias en la Residencia y el funcionamiento de los equipos de Trabajo Social en esta pandemia.

Allá a principios del año 2020, estaba trabajando como cualquier día, mes, en un Hospital Público de Mendoza – Argentina, Provincia y País al que pertenezco y en donde vivo. Transitando ya mi tercer año de la Residencia de Trabajo Social en Salud Pública, especialidad en la que elegí formarme de mi profesión de grado como Lic. en Trabajo Social.

Con un sinfín de sueños, expectativas por el año que tendría por delante, había planificado viajes, una rotación académica en mi cuarto año de residencia en otra Provincia del País, entre otras actividades, experiencias y aprendizajes que sabía que se aproximaban en unos meses.

Ya en Febrero, se comenzaban a escuchar noticias del mundo que nada favorable estaba sucediendo en él… se aproximaba un caos, un problema sin respuestas, cada vez se hacía más complejo.

Llegó el otoño y con él, ese caos a nuestro País “La Pandemia provocada por el COVID -19”. El 19 de Marzo, el Gobierno Nacional declaró Estado de Excepción, dada la Emergencia Sanitaria y Social que nos encontrábamos atravesando, impulsando como política pública de prevención, el aislamiento y distanciamiento social, preventivo y obligatorio, como primera medida.

A partir de esto, todo se tornó distinto en los días y meses siguientes. Los escenarios cambiaron, se comenzaron a implementar políticas públicas de prevención y mitigación en distintos ámbitos nacionales, provinciales, departamentales. Así, la vida cotidiana, laboral, deportiva, recreativa, de esparcimiento, económica, política, social de cada un@ de l@s ciudadan@s, se enmarcó obligadamente en un libro de protocolos, resoluciones, decretos y normas a cumplir. Se modificaron los escenarios, el funcionamiento de las Instituciones, la complejidad en todas sus aristas florecía cada minuto con más y más fuerzas.

Y ahí, en ese contexto abrumador, estaba yo con más incertidumbres que certezas, claro en una Pandemia, el Sistema de Salud es una de las piezas claves de este rompecabezas y mi lugar a ocupar era como profesional y parte del personal de salud, quienes conformaban el equipo de respuesta. Equipo que presta servicios en momentos iniciales en situaciones de emergencias y desastres, desplegando diversas funciones de primera línea, encontrándonse expuest@s a múltiples factores de riesgo.

Entre estos factores de riesgo, se planteaban posibles afectaciones a desarrollar como fatiga, desgaste, estigmatización, miedo por la posibilidad de transmitir el virus a seres queridos, frustración, angustia, estrés, síndrome de Burnout, traumatización secundaria. No obstante, no era una regla general que todo el equipo de respuesta tuviese alguna afectación, para eso existían actividades preventivas. Algunas de ellas eran, capacitaciones, generación de redes de trabajo, construcción de labor colectiva (“salida en dupla”), creación de consultorio de Salud Mental, contacto frecuente con red de contención a través de distintos medios, informarse a través de medios oficiales evitando la infodemia, mantener cuidado integral en nuestra salud. (Apuntes Curso Virtual “Emergencias y Desastres. Herramientas para la Intervención”. UNER. 2020).

En este contexto, a cada segundo, me cuestionaba qué debía hacer como Trabajadora Social, cuáles eran las intervenciones más oportunas dentro de un mundo en donde veía crecer el malestar de la población, las desigualdades se incrementaban, profundizando las situaciones de vulnerabilidad que atravesaban las personas, la restricción de los derechos y libertades individuales bajo las normativas y discursos que restringían los mismos, esto era aceptado como si tuviese que pasar, era una batalla difícil de ganar.

Pero claro, a lo largo de mi carrera de grado y luego en la especialización, no había tenido formación específica en emergencias, desastres y catástrofes, lo que tornaba más complicado aún la comprensión de cuál sería mi rol. Por lo que, ante tal necesidad, junto con mis compañeras de residencia, empezamos a estudiar al respecto, hicimos una variedad de actividades académicas virtuales, ya que era a lo que se podía acceder. Formamos parte de cursos online, conferencias, conversatorios, ciclos de charlas brindados por Universidades, Colegios de Profesionales, desarrollamos lecturas bibliográficas, análisis grupales y por supuesto, que todo ameritaba una larga reflexión individual tras terminar cada día, semana de trabajo.

En las capacitaciones, bibliografía, se planteaba que en contextos de emergencia se desplegaban intervenciones “anormales”, a lo que se consideraba “normal” en otros contextos, era un movimiento permanente entre lo instituido e instituyente. La Pandemia, se nos iba presentando en el abordaje, como una dimensión instituyente de lo emergente, proceso que hacía pensar colectivamente en nuevas prácticas para reconstruir lo instituido que estaba dado y establecido. (Turchetti y Sánchez. 2020)

Allí, el/la Trabajador/a Social, debía tener conocimiento de la población con la que trabajaba, sus condiciones de vida, identificar y analizar las redes sociales existentes (profesionales, institucionales, personales y comunitarias), ampliar diagnósticos sociales, revalorizar la asistencia directa como un derecho. Potenciar los recursos que existían y crear estrategias de intervención colectivas, trabajar interdisciplinariamente e intersectorialmente, continuar garantizando las conquistas de los derechos humanos. Todo esto, teniendo en cuenta, que dado el confinamiento establecido, la utilización de tecnologías, era la herramienta central, soporte para nuestra intervención, que en muchos momentos, permitía realizar un acompañamiento, contención emocional a las personas atendidas y su red de contención. (Turchetti y Sánchez. 2020) (Apuntes Curso Virtual “Emergencias y Desastres. Herramientas para la Intervención”. UNER. 2020).

Por lo tanto, intervenir en Trabajo Social era necesario desde un sentido alternativo, entendiendo que lo alternativo no se definía por sus formas, sino por la base ideológica, ética y conceptual desde la que nos afirmábamos. (Turchetti y Sánchez. 2020)

Ahora bien, todo lo que iba incorporando como nuevos aprendizajes y reviendo algunos conceptos ya estudiados, tenía que “intentar”, y lo digo entre comillas porque no era nada fácil, llevarlo a la práctica, en mis abordajes, en la intervención con esas personas quienes estaban pasando por un proceso de salud-enfermedad-atención-cuidado en un contexto de Pandemia desconocido.

Al correr las semanas, la situación se complejizaba, los contagios aumentaban, las normativas cambiaban constantemente y con ellas las estrategias de afrontamiento que se iban implementando, algunas organizacionales, grupales y otras de manera individual. Había días, en donde todo parecía ser más claro y otros, que se tornaban un poco grises, la vida cotidiana, laboral giraba en torno al virus y sus contagios. Allí, es en donde estas estrategias tomaban más impulso, ya que tendían a favorecer la cooperación, contención, facilitar la comunicación intragrupal, el trabajo en equipo y por supuesto, el desarrollo de actividades individuales, evitando perjuicios potenciales de la afectación subjetiva, como el autocuidado.

Luego de interrogarme constantemente, había ideas claras que tenía, que no debía abandonar, que habían sido mi eje para realizar las intervenciones, que formaban parte de mi posicionamiento ético-político como profesional, aunque seguramente en muchos momentos no logré ni pude mantener.

Comenzando por la construcción del vínculo y la empatía con aquellas personas con quienes trabajamos cotidianamente, reconociendo las emociones de ell@s, no emitiendo juicios de valor, acompañándol@s, informándol@s, situándome desde una paridad, claro que con un rol diferenciado. Coincidiendo con Elena de la Aldea cuando expresa, “El ejercicio del rol nos diferencia de personas con quienes intervenimos, no la posibilidad de reconocerlas desde un vínculo empático”. Si podía poner en práctica el ejercicio de respetar lo que el/la otr@ sientía, podía llegar a comprender el verdadero sentido del cuidado. (Apuntes Curso Virtual “Emergencias y Desastres. Herramientas para la Intervención”. UNER. 2020).

Siguiendo con las ideas claras que tenía, otra, era que debía mantener firme la bandera por la garantía de los derechos humanos, defenderla por más adverso que el mundo se mostrara, mi ideología y lucha por la justicia social, la libertad, la igualdad, no debía cambiar, por más que hubiese un Estado de excepción que modificara las “reglas del juego”, allí habría que aprender a “jugar” por un tiempo desconocido. Y como plantea Mullán, para hacer Salud Pública, espacio del que formo parte, se necesita una dosis de idealismo, una dosis de maquiavelismo y una dosis de sentido de justicia. (Molina, C. 2020)

Y por último, un concepto que me resonaba en mi cabeza a cada minuto “resiliencia”, esa “capacidad humana para enfrentar la adversidad y resurgir de los eventos traumáticos. Es más que la aptitud para resistir la destrucción, preservando la integridad en circunstancias difíciles, es también una actitud de reacción positiva ante las dificultades, generando así la posibilidad de construir alternativas a partir de las propias fuerzas. No es sólo sobrevivir a pesar de todo, sino tener la capacidad de usar los aprendizajes provenientes de experiencias negativas y adversas para proyectar un futuro mejor” (Riaño Arias, A. 2009). De esto, sí que vamos a tener que aprender cada un@ de l@s ciudadan@s a l@s que nos ha tocado “jugar este juego”, por un período sin límites ni fronteras.

¿Qué aprendizajes nos deja este corte biográfico a nivel mundial, esta “bisagra”, que marca un antes y un después?… Puede ser tiempo de reflexionarlo, de construir tu propia experiencia, de continuar transitándola desde una perspectiva diferente o en igual dirección. “No se puede explicar lo que no se comprende… si no nos damos la posibilidad de pensar lo que sentimos, nos privamos también la posibilidad de sentir y elaborar lo que nos pasa”. (Arito, Sandra. Conferencia virtual 20/04/2020)

Daiana A. Novello

Lic. en Trabajo Social

Residente de Tercer año de Trabajo Social en Salud Pública  

Septiembre 2020

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